El fracking salió mal, quien diría, no?… Después de años de derrames, denuncias y la clásica gimnasia argenta de patear todo “pa’ delante”, un caso de contaminación ligado a la actividad en Vaca Muerta finalmente llegará a juicio en Neuquén. Sí, al parecer el impacto ambiental no era solo un detalle técnico escrito en letra chica.

La causa investiga episodios de contaminación vinculados al negocio hidrocarburífero en la capital nacional del fracking, donde los accidentes ambientales suelen presentarse como “incidentes operativos” y los controles aparecen más tarde que los comunicados oficiales.

Durante mucho tiempo, el expediente avanzó con la velocidad típica de las causas ambientales: lento, trabado y peligrosamente cerca de dormir para siempre en algún archivo judicial. Organizaciones ambientales y comunidades locales venían advirtiendo que contaminar debería tener consecuencias y empujaron desde el activismo.

Ahora, con la elevación a juicio, ocurre un hecho inusual, por primera vez, un caso concreto de contaminación asociado a Vaca Muerta deberá discutirse en tribunales y no solamente en conferencias sobre inversiones o denunciadas en un reel de IG.

Mientras tanto, el modelo energético sigue funcionando a pleno. Vaca Muerta representa una de las mayores apuestas económicas del país y produce buena parte del gas y petróleo argentino gracias al fracking, ¿que era?, si hay que volver a explicar todo de nuevo porque la agenda ambiental y sus problemáticas han sido enterradas los últimos años. Entonces el Fracking es una técnica que consiste en inyectar millones de litros de agua y químicos bajo tierra con la esperanza de que nada salga mal. Qué podría fallar.

Claro que, además de dólares y promesas de crecimiento, el sistema también viene acumulando algunos “efectos secundarios”: derrames de hidrocarburos, residuos petroleros, contaminación de suelos y dudas sobre el impacto en cursos de agua. Pero tranquilos, siempre hay algún informe que asegura que todo está “bajo control”. Fracking sustentable, claro.

El problema es que en Neuquén no vive solamente la industria. También hay comunidades rurales y poblaciones que dependen del territorio, del agua y de condiciones ambientales que no suelen cotizar en Wall Street. Para ellas, los pasivos ambientales no son conceptos abstractos sino parte de la vida cotidiana.

Por eso el juicio genera expectativa. No solo porque podría determinar responsabilidades, sino porque amenaza con introducir una novedad incómoda en el negocio extractivo, esta idea de que alguien tenga que rendir cuentas.

Casos similares

Hay varios antecedentes internacionales donde empresas vinculadas al fracking enfrentaron multas, condenas, acuerdos millonarios o sanciones judiciales por contaminación ambiental. 

En Pennsylvania, la empresa Cabot Oil & Gas (hoy Coterra Energy) fue acusada de contaminar napas de agua potable en la localidad de Dimock. Después de más de una década de denuncias, la compañía aceptó cargos ambientales y debió financiar la restauración del agua para los vecinos afectados. El caso se convirtió en uno de los símbolos mundiales de los impactos del fracking.

También en Texas, una familia del condado de Wise ganó un juicio histórico contra Aruba Petroleum. Un jurado ordenó pagar cerca de 3 millones de dólares por contaminación del aire y afectación a la salud derivadas de actividades de perforación y fracking alrededor de su propiedad. Fue presentado como uno de los primeros grandes fallos civiles contra la industria.

En North Dakota, una empresa de oleoductos aceptó pagar 35 millones de dólares entre multas y sanciones por el derrame de residuos de fracking que contaminaron aguas subterráneas. El Departamento de Justicia estadounidense lo calificó como uno de los mayores derrames internos de agua residual petrolera registrados en el país.

La discusión de fondo excede los expedientes. Todos estos casos vuelven a poner sobre la mesa una pregunta que el relato energético evita bastante bien y que desde estos espacios hemos venido pregonando desde hace mucho tiempo: ¿Cuánto daño ambiental está dispuesto a tolerar un país en nombre del crecimiento económico?.

Vaca Muerta promete dólares, exportaciones y autoabastecimiento. Lo que todavía no dice, es quién se hará cargo de la factura ambiental.

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