Por Carolina Muñoz Agopian

Una muestra sobre la presencia, la autoindagación y aquello que aparece cuando nos dejamos mirar

MITO DEV presentó Tiene mis huellas. Y no fui yo., una muestra que propone un recorrido por el registro de lo sutil, por la capacidad de detenerse, capturar el instante y abrirse a aquello que emerge cuando el arte se convierte en una forma de indagación personal.

Pintar aparece aquí como un modo de conocerse. Como una práctica que permite entrar en diálogo con aquello que sucede adentro mientras algo se transforma afuera y por dentro.

Ese proceso se despliega a través de una exploración constante de materiales, tamaños y soportes. La obra no se limita a una superficie ni responde a una única forma: cada elección material abre una posibilidad y cada soporte modifica la manera de mirar, de acercarse y de relacionarse con aquello que aparece.

La materia se convierte así en parte de la búsqueda. Experimentar, probar, transformar, dejar que algo suceda.

Muchas veces, el artista pinta con los dedos y observa sus propias huellas aparecer sobre la superficie. Pero cuando una obra termina —si es que realmente termina— queda abierta una pregunta: ¿hasta dónde aquello que vemos puede ser atribuido a quien lo hizo?

Durante el proceso aparecen palabras, poemas, frases, ideas y preguntas que el artista escribe en el dorso de las obras. Así, cada pieza tiene dos caras: una que se ofrece a la mirada y otra que permanece oculta. Ambas están presentes, aunque no puedan verse al mismo tiempo.

En el recorrido de la muestra, casi de sorpresa, el visitante se encuentra con muchas obras juntas, una al lado de la otra. Una constelación de imágenes, materiales, dimensiones y soportes que propone detenerse y entrar.

Cada obra puede convertirse entonces en un pequeño viaje hacia adentro: hacia la presencia, la autoindagación, la pregunta y el encuentro con aquello que quizás todavía no tiene nombre.

No se trata solamente de observar una pintura, sino de dejarse afectar por ella.

De permitir que una imagen abra una pregunta.
Que una pregunta lleve a otra.
Que un material despierte una sensación.
Que una dimensión modifique la distancia desde la que miramos.
Que el silencio también diga algo.

En ese sentido, el arte aparece como una manera vital de sostenerse en el proceso de habitarse. Una práctica que permite permanecer cerca de uno mismo mientras las respuestas todavía no llegan; una forma de atravesar la incertidumbre, registrar lo que sucede y darle un lugar.

La muestra se mueve también en los límites: entre lo propio y lo ajeno, entre quien crea y quien observa, entre lo visible y aquello que permanece detrás. Porque las líneas que separan también pueden ser las que nos unen.

La frase que da nombre a la muestra “Tiene mis huellas. Y no fui yo” cobra real sentido: Una frase que permanece abierta y que permanece abierta a la experiencia de quien recorre la muestra.

Porque quizás las huellas no hablen solamente de quien estuvo allí.

Quizás también hablen de quien las encuentra.

Y quizás mirar sea, en definitiva, otra forma de habitarse.

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