Hay objetos que forman parte de nuestra vida cotidiana con tanta naturalidad que dejamos de preguntarnos qué hacen realmente. Un neumático, por ejemplo.
Lo vemos, lo inflamos, cuando nos acordamos, lo cambiamos cuando ya está pidiendo jubilación y seguimos manejando. Nadie suele detenerse a pensar que ese pedazo de caucho que gira debajo del auto también puede estar haciendo algo bastante poco sustentable: obligarnos a gastar más combustible o electricidad para mover el vehículo.
California, en cambio, decidió bajar la mirada
La Comisión de Energía de ese estado aprobó por unanimidad una normativa que establece los primeros estándares de eficiencia para neumáticos de reemplazo en Estados Unidos. La idea es bastante revolucionaria. Los neumáticos que compramos después de sacar los originales no sean considerablemente peores en eficiencia que los que venían de fábrica. La norma comenzará a aplicarse en 2029 para los neumáticos menos eficientes y será más exigente a partir de 2033.
Según las estimaciones oficiales, podría ahorrarles a los conductores californianos alrededor de US$1.000 millones al año en combustible y evitar unas 2 millones de toneladas de CO₂ anuales, equivalente a retirar aproximadamente 400.000 autos de circulación.
Resistencia a la rodadura
Cuanto más se deforma un neumático mientras gira, más energía pierde en ese proceso, más esfuerzo necesita el vehículo para avanzar.
Los fabricantes de autos ya utilizan neumáticos de baja resistencia a la rodadura para mejorar el consumo de los vehículos nuevos. El problema aparece cuando llega el momento de cambiarlos.
Ahí puede ocurrir algo bastante absurdo: compramos un neumático más barato y terminamos pagando la diferencia en cuotas… directamente en la estación de servicio.
Según la Comisión de Energía de California, los neumáticos más eficientes podrían costar entre US$6 y US$26 más por juego, pero generarían un ahorro neto estimado de entre US$85 y US$153 durante su vida útil, dependiendo del precio del combustible. Es decir: el neumático puede salir un poco más caro, pero la cuenta final puede ser bastante más barata. Una idea peligrosa para cualquier economía basada en vender cosas baratas que después salen caras.
Y sí, también sirve para los eléctricos
La discusión tampoco termina en los motores a combustión. Un neumático ineficiente también obliga a un vehículo eléctrico a consumir más electricidad para recorrer la misma distancia. Así que mientras nos preocupamos,con razón, por la eficiencia de las baterías, los cargadores y los motores eléctricos, resulta que una parte de la energía puede estar escapándose por un lugar mucho menos sofisticado: el contacto entre el auto y el asfalto.
Cuatro hojitas para sentirnos mejor
La nueva regulación incluye además un sistema de etiquetado. Los neumáticos podrán tener una clasificación de eficiencia representada por hojas: cuantas más hojas, mayor eficiencia, hasta un máximo de cuatro. Una especie de certificado ambiental para el caucho. Porque si hay algo que aprendimos en las últimas décadas es que ponerle una hojita a un producto siempre ayuda a que parezca un poco más verde. La diferencia, esta vez, es que detrás de la etiqueta hay una métrica concreta: cuánto esfuerzo energético necesita el neumático para hacer su trabajo. Eso sí, los fabricantes no estarían obligados a exhibir siempre la etiqueta. El consumidor podría tener que consultar una base de datos estatal para saber qué está comprando. Porque evidentemente hacer que una información importante sea visible era demasiado sencillo.
California otra vez siendo California
La medida no es solamente importante por los neumáticos. California tiene una larga tradición de establecer estándares ambientales más exigentes que después terminan siendo adoptados, de hecho o de derecho, por buena parte del mercado estadounidense. Ya ocurrió con las emisiones de los vehículos, las lamparas LED y otras regulaciones ambientales.
Por eso, lo que empieza como una norma californiana puede terminar transformándose en una referencia nacional. Washington y Rhode Island, por ejemplo, ya están evaluando avanzar en una dirección similar.
La pregunta inevitable: ¿Y Argentina?
Bueno…Nosotros todavía tenemos algunos problemas bastante más básicos.
En Argentina podemos discutir durante semanas sobre el precio de la nafta, el costo de mantener un auto, el estado de las rutas, los baches capaces de modificar la alineación de un vehículo y la frecuencia con la que hay que cambiar amortiguadores. Pero la eficiencia energética de los neumáticos todavía no parece ocupar demasiado espacio en la conversación pública.
Y no es un detalle menor. Argentina tiene un parque automotor enorme y envejecido, un transporte fuertemente dependiente de combustibles fósiles y una infraestructura vial que tampoco ayuda demasiado a optimizar el consumo.
Además, cuando hablamos de movilidad sustentable solemos saltar directamente al auto eléctrico como si cambiar el motor resolviera mágicamente el problema. Pero la eficiencia de un vehículo depende de muchas cosas: peso, aerodinámica, motor, conducción, congestión, estado de las calles y, sí, también de los neumáticos.
El neumático como pequeña política climática
La lección californiana es bastante menos espectacular que construir una central solar, inaugurar un parque eólico o anunciar una fábrica de baterías. Porque la transición energética no se juega únicamente en las grandes inversiones tecnológicas. También se juega en miles de decisiones pequeñas que, multiplicadas por millones de vehículos, terminan teniendo un impacto enorme.
Un neumático eficiente no va a salvar el planeta. Pero millones de neumáticos innecesariamente ineficientes sí pueden contribuir a gastar más combustible, consumir más electricidad y emitir más gases de efecto invernadero.
California decidió actuar. Ahora habrá que ver si el resto del mundo se anima a mirar las ruedas antes de seguir buscando soluciones cada vez más sofisticadas para problemas que, en algunos casos, empiezan bastante más abajo, literalmente.