Trae una solución bien de Silicon Valley

Arranco con el caminito. La inteligencia artificial necesita servidores. Los servidores necesitan energía. Y la energía, incluso cuando viene con un discurso bastante verde, todavía tiene una costumbre poco simpática: dejar emisiones. 

Parece que Google encontró una manera bastante Google de responder al problema. Si la tecnología acelera nuestra capacidad de emitir, hagamos que otra tecnología acelere nuestra capacidad de sacar carbono de la atmósfera. De manual.

La receta Carioca

La tecnológica acaba de cerrar con la startup Terradot su mayor acuerdo de captura de carbono hasta la fecha. El proyecto alcanzará más de 200.000 hectáreas de arroz en Rio Grande do Sul, Brasil y combinará dos estrategias: reducir el metano de los arrozales mediante un manejo diferente del agua y acelerar la captura de CO 2 utilizando rocas volcánicas trituradas.

Sí: mientras Silicon Valley procesa inteligencia artificial, el campo brasileño procesará carbono.

Arroz, agua y piedras

La primera parte es relativamente sencilla. Los arrozales inundados producen metano. Alternar períodos de inundación y drenaje puede reducir esas emisiones.

Google espera comprar el equivalente a un millón de toneladas de CO 2 de reducción de metano para 2030. Hasta acá, no hay magia. Hay manejo del agua, agricultura y una reducción concreta de emisiones.

La segunda parte es bastante más cinematográfica y está relacionada con estas piedras volcánicas. El basalto triturado se distribuye sobre los campos y acelera un proceso natural conocido como meteorización, la roca reacciona con el agua y ayuda a capturar CO 2 durante períodos muy prolongados.

La compañía proyecta capturar otro millón de toneladas de carbono hacia 2040. (Pido permiso al lector para descreer un poco este tipo de promesas)

Bueno, en fin… Todo muy natural. Solo que con Google, una startup, créditos de carbono, toneladas calculadas y una montaña de números detrás.

La nueva frontera verde

Ojo, el proyecto tiene algo atractivo, no se trata solamente de plantar árboles para compensar emisiones. Hay una transformación en el manejo del agua, reducción de metano y una tecnología que busca aprovechar procesos naturales del suelo. Pero, no es de mala onda, en este punto aparece la pregunta en la que siempre desembocamos cuando hablamos de compensaciones: ¿Estamos regenerando ecosistemas o inventando máquinas financieras cada vez más sofisticadas para compensar nuestra degradación?

Porque regenerar no debería significar simplemente emitir en un lugar y compensar en otro. Nunca se habla de dejar de emitir. Si el arrozal utiliza mejor el agua, reduce metano, mejora el suelo y genera beneficios para quienes producen, hay algo parecido a una transición regenerativa. Pero si el grafico termina siendo: “Google emite → el campo captura → Google paga → todos felices” tenemos un problema.

No porque sacar carbono de la atmósfera sea malo. Todo lo contrario. La remoción de carbono es necesaria para enfrentar el cambio climático. El problema aparece cuando la captura se convierte en el permiso para seguir haciendo lo mismo.

Silicon Valley descubrió el campo

Hay algo casi poético en la operación. Google trabaja con una tecnología que acelera el mundo. Ahora apuesta por una tecnología que intenta acelerar un proceso geológico que lleva millones de años. La IA acelera, la roca espera, el carbono factura.

Y mientras tanto, el campo empieza a convertirse en algo más que el lugar donde producimos alimentos: también puede ser suelo, sumidero de carbono, generador de créditos y nueva infraestructura climática. La pregunta, entonces, no es si las piedras pueden capturar carbono, probablemente lo hagan, la pregunta es otra: ¿cuánto necesitamos regenerar para dejar de necesitar tantas piedras? Porque si la regeneración termina siendo apenas la nueva forma elegante de pagar la cuenta de nuestra degradación, quizás lo que estamos regenerando no sea el planeta, sino “el negocio» 

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