En los últimos años, el término “greenwashing” se ha convertido en uno de los mayores desafíos en la gestión empresarial. Como definición primitiva este fenómeno ocurre cuando una empresa exagera o distorsiona sus esfuerzos medioambientales para mejorar su imagen sin implementar cambios significativos en sus prácticas. La experiencia de más de diez años de trabajo con empresas en Regeneración nos demostró que no siempre corresponde a una práctica consciente, en muchos casos es involuntario o producto del desconocimiento.
Lo cierto es que ante esta tendencia, surge la necesidad urgente de erradicar el greenwashing y garantizar que las empresas realmente actúen en favor del clima y la sostenibilidad.
La consulta permanente a los Stakeholders, el relacionamiento con partners que tengan experiencia previo a delinear las acciones de sustentabilidad de una compañía son algunas de las maneras de no caer en esta perniciosa práctica, que puede generar un duro revés reputacional del que es muy difícil salir.
Pero en los últimos años una de las estrategias más efectivas para combatir esta práctica es el lobbying. Este proceso, aunque muchas veces mal interpretado, puede ser una herramienta clave para impulsar políticas públicas y prácticas empresariales alineadas con los compromisos climáticos. Un análisis reciente sobre el lobby de 165 grandes empresas sugiere que, a través de un lobby más transparente y responsable, es posible erradicar el greenwashing y avanzar hacia una economía más sostenible.
¿Qué es el lobbying?
El lobbying es el proceso mediante el cual los grupos de interés, como las empresas, organizaciones no gubernamentales o asociaciones industriales, intentan influir en la formulación de políticas públicas, leyes o regulaciones. Este proceso puede ser tanto legal como legítimo, siempre y cuando se realice de manera transparente y alineada con el interés público.
En el contexto de la sostenibilidad y el cambio climático, el lobbying es fundamental para crear marcos regulatorios que obliguen a las empresas a ser más responsables con sus impactos ambientales. Sin embargo, el cabildeo también puede ser utilizado por empresas para frenar o retrasar políticas que les resulten costosas, como las que promueven la descarbonización o la transición hacia fuentes de energía renovables. Este aspecto del lobbying, cuando se lleva a cabo de manera irresponsable, puede contribuir a la perpetuación del greenwashing.
¿Cómo el lobbying puede erradicar el greenwashing?
El lobbying transparente y ético puede jugar un papel crucial en erradicar el greenwashing al presionar para que las empresas adopten políticas más estrictas sobre sostenibilidad y, sobre todo, sean obligadas a reportar de manera precisa sus impactos ambientales. Según el análisis de InfluenceMap, muchas empresas de sectores clave como el automovilístico, el químico y el energético siguen siendo poco transparentes respecto a sus verdaderos compromisos climáticos. Sin embargo, el lobbying responsable puede asegurar que estas empresas estén alineadas con los objetivos del Acuerdo de París, promoviendo una regulación más estricta y una mayor rendición de cuentas.
Un claro ejemplo de esto es la presión ejercida por los inversores, a través de iniciativas como Climate Action 100+, para que las empresas de alto impacto climático ajusten sus prácticas hacia políticas que favorezcan la reducción de emisiones. En 2024, un número récord de empresas comenzó a implementar mejores prácticas de gobernanza relacionadas con sus actividades de lobby, lo que indica que es posible usar el lobbying para avanzar en políticas que combatan el greenwashing.
El lobbying también permite crear un entorno en el que las empresas que intentan engañar al público con prácticas medioambientales falsas o exageradas sean desafiadas por regulaciones más estrictas. A medida que los gobiernos aumentan sus esfuerzos para regular las emisiones y mejorar la transparencia, el lobbying puede facilitar la creación de normativas que sean difíciles de eludir por medio de campañas de marketing ambiental engañosas.
Desafíos en la lucha contra el greenwashing a través del lobbying
A pesar del potencial del lobbying para erradicar el greenwashing, existen serias barreras que deben superarse. Uno de los principales retos es la resistencia de ciertos sectores que continúan aplicando prácticas de lobbying para debilitar las políticas climáticas. Por ejemplo, se prevé este tipo de comportamiento en Argentina debido a la intención manifiesta por el presidente Javier Milei de retirarse del Acuerdo de París, lo que dificultará la adopción de políticas más agresivas de descarbonización.
Otro desafío es la falta de transparencia en la forma en que algunas empresas informan sobre sus prácticas de sostenibilidad. Aunque algunas están mejorando, muchos sectores aún presentan «puntos ciegos» en cuanto a la información ambiental que divulgan. Esto no solo dificulta la tarea de los inversores que buscan alinear sus carteras con objetivos climáticos, sino que también da espacio para el greenwashing al no haber un control adecuado sobre las afirmaciones de sostenibilidad de las empresas.
No obstante, el lobbying responsable y la presión pública tienen el poder de cambiar esta dinámica. A medida que la sociedad exige mayor transparencia y responsabilidad corporativa, las empresas se ven obligadas a alinearse más estrechamente con las políticas climáticas internacionales y a proporcionar información veraz sobre sus esfuerzos medioambientales.
El papel de los inversores en el lobbying para erradicar el greenwashing
Los inversores están desempeñando un papel clave en la lucha contra el greenwashing, pues cada vez más exigen que las empresas sean más transparentes en cuanto a sus políticas y acciones relacionadas con el clima. Iniciativas como Climate Action 100+ están ayudando a presionar a las grandes corporaciones para que se alineen con las metas del Acuerdo de París y divulguen de manera más detallada su impacto ambiental.
Este tipo de presión institucional está contribuyendo a la creación de un ambiente donde el lobbying puede ser una herramienta eficaz para erradicar el greenwashing. Si bien aún hay sectores reacios al cambio, el poder de los inversores para impulsar una gobernanza empresarial más responsable está demostrando ser una fuerza importante en la transición hacia una economía más sostenible.
A medida que los inversores y los gobiernos trabajen juntos, podemos avanzar hacia un futuro más sostenible y libre de falsas promesas ecológicas. La clave está en mantener una vigilancia constante sobre las actividades de lobbying, para que no se conviertan en un instrumento de manipulación, sino en una palanca para el cambio positivo.
La crisis climática nos interpela, el planeta no soportará muchos años más nuestras economías, debemos cambiar y en un tiempo récord. Cualquier engaño pintado de verde no es algo que hacemos a otro, nos lo estamos haciendo a nosotros mismos, a nuestra casa común.
Quiero concluir esta nota con una maravillosa reflexión de Gabriel Griffa en su ensayo El paradigma de la insostenibilidad:
¿De qué más hablamos cuando hacemos referencia al paradigma de la insostenibilidad?
Fundamentalmente, hablamos de “las formas insostenibles de desarrollo humano”, que no son otra cosa más que cortar la rama en la que estamos sentados, quemar las puertas y ventanas de nuestra casa para calentarnos, vivir del capital y no de los intereses, y robarles el futuro a los que están por venir.