El modelo regenerativo que revoluciona los campos

Hace muchos años en el encuentro de Purmamarca, pudimos conocer a la familia Borrelli con Ovis 21 y realmente nos sorprendió todo lo que hacían en temas de ganadería regenerativa. Así fue como empezamos a contar distintas historias muy ricas sobre Regeneración a nivel regional. Pero este camino tuvo una evolución natural.

El programa SARA (Programa de Ganadería Regenerativa Sudamericana), impulsado por la plataforma Ruuts – empresa B-, dió un paso histórico en temas de regeneración, al comenzar a pagarles a los productores rurales por los créditos de carbono generados en sus campos. Y se posiciona nada menos que como el primer programa de la región en trasladar ingresos tangibles por carbono directo al bolsillo de los productores.

En esta oportunidad, hablamos con Juan Pedro Borrelli de Ruuts y nos contó todo cómo fue todo este gran proceso virtuoso.

¿Cómo nace Ruuts para promover la ganadería regenerativa en la región?

Ruuts comienza por la necesidad de acelerar la transición de la incorporación de prácticas regenerativas, tomando como catalizador el mercado de carbono. Ruuts es producto de más de 15 años de trabajo previos en Ganadería Regenerativa de Ovis 21. La mayoría de los desarrolladores de carbono empiezan por el crédito y después salen a buscar campos. Nosotros hicimos el camino inverso: primero la red a campo y el monitoreo, y el carbono como un emergente de todo ese trabajo. Hoy somos una empresa B certificada que trabaja con productores, técnicos y compradores corporativos para regenerar tierras productivas en Latinoamérica.

¿Qué hacen con los productores en esta plataforma?

Lo primero es un diagnóstico: si el campo califica, en qué estado está y cuánto potencial tiene. Después el productor entra a un programa y empieza a trabajar con un técnico acreditado de la red, que lo acompaña a diseñar y ajustar el plan de pastoreo. No es una app que le dice qué hacer: es una persona que conoce la zona y va al campo, con herramientas digitales atrás.

A medida que el manejo cambia, medimos: suelo, pastizal, biodiversidad, indicadores ecológicos. Eso alimenta dos cosas a la vez: Por un lado, le devuelve al productor información concreta sobre cómo está evolucionando su campo. Por otro, es la base para cuantificar el carbono que se captura y convertirlo en un ingreso adicional. La idea es que la regeneración no sea un sacrificio ambiental sino un mejor negocio: más productividad, más resiliencia ante la seca y una fuente de ingresos nueva ligada a resultados ecológicos.

¿De qué se trata esencialmente el programa de carbono SARA?

SARA es nuestro programa de carbono para pastizales. Trabaja con establecimientos ganaderos que pasan de un manejo convencional a pastoreo planificado, y mide el carbono que ese cambio de manejo captura en el suelo. Está desarrollado bajo la metodología VM0042 de Verra, y fue el primer programa validado bajo esa metodología en Argentina, Paraguay y Chile.

Cada crédito de SARA representa una tonelada de CO2 capturada y verificada en suelo de pastizal a través de prácticas regenerativas. Lo esencial es que el productor no tiene que dejar de producir ni cambiar de actividad: sigue haciendo ganadería, pero con un manejo que regenera el suelo en vez de desgastarlo.

¿Cuáles son los principales beneficios del programa?

Para el productor, tres cosas. Primero, un campo mejor: más cobertura, más infiltración de agua, más pasto y mayor resiliencia frente a los eventos extremos. Segundo, acompañamiento técnico continuo de gente que sabe de regeneración y de su zona. Tercero, un ingreso adicional por los créditos, donde el productor es socio del valor de venta y se lleva la mayor parte.

Para el planeta, es captura real de carbono en suelo, con biodiversidad y agua como co-beneficios. En la verificación de SARA se confirmaron siete Objetivos de Desarrollo Sostenible, desde acción climática hasta trabajo decente.

Y para las empresas que compran, es un crédito con integridad: trazable a campos concretos, con medición en el terreno y con una red que sigue ahí después de emitido el crédito. Eso hoy escasea en el mercado.

¿Cómo funciona el proceso de verificación?

Es un proceso largo y bastante exigente, y está bien que lo sea. Primero se diseña el proyecto y se valida bajo la metodología de Verra, que define cómo se calcula la línea de base y el carbono capturado. Después viene la implementación en campo con el monitoreo continuo: muestreo de suelo, indicadores ecológicos y el registro del manejo, con los planes de pastoreo revisados dos veces al año junto a los técnicos de Ovis 21.

Cada período de acreditación se cierra con una auditoría independiente. En SARA la hizo TÜV SÜD, que revisó toda la documentación y visitó estancias en el terreno. Recién con esa verificación Verra emite los créditos en su registro público. Además, un porcentaje de los créditos va a un fondo de reserva por riesgo de no permanencia, que funciona como un seguro del sistema.

El primer período de SARA cerró sin ninguna observación del auditor y derivó en la emisión de 209.224 créditos. Y los créditos fueron calificados de manera independiente por BeZero, que es como el rating de riesgo de un bono pero para carbono. Nosotros lo tomamos como un punto de partida: el monitoreo sigue y cada nueva ronda de muestreo mejora la evidencia.

¿Cuánto apuntan a regenerar en los próximos años?

Hoy tenemos 600.000 hectáreas bajo contrato de carbono y una red de 1,4 millones de hectáreas en transición hacia manejo regenerativo, con más de cien técnicos en el territorio. La meta a 2031 es llegar a más de 5 millones de hectáreas bajo programas de carbono en Latinoamérica, con un portfolio diversificado por bioma y foco en Argentina, Paraguay y Brasil.

Es ambicioso, pero la escala no es un capricho. Los grandes sistemas de uso de tierra de la región son pastizales, y si el cambio de manejo no llega a millones de hectáreas, el impacto climático no mueve la aguja. Lo que aprendimos con SARA es que se puede: el modelo funciona y ahora hay que replicarlo.

Y para finalizar, ¿contanos qué otras cosas están proyectando?

Varias cosas. Nos gusta decir que hasta ahora hicimos casas y el desafío es construir un barrio.

Por un lado, más programas para más ambientes: además de SARA y POA, que también es de pastizales, estamos desarrollando ReMonte para la regeneración de bosque nativo en Argentina y Paraguay, y ReTerra para agricultura. Y estamos explorando la Amazonia y el Cerrado en Brasil, combinando ganadería con regeneración natural.

Por otro, trabajar directo con la cadena de suministro de empresas de alimentos: regenerar la cuenca de abastecimiento de una compañía con medición, en vez de vender un crédito suelto. Eso ya está en marcha en Argentina.

Y la tercera pata es tecnología: una plataforma propia para que productores y técnicos gestionen su campo, con la recomendación agronómica de la red adentro. Que el dato de carbono sea un subproducto de gestionar bien el campo y no un formulario extra. Arriba de la plataforma de gestión montamos nuestra tecnología de MRV (Monitoreo, reporte y verificación) para el carbono y los protocolos GRASS para medir resultados ambientales, sociales y animales. Así queremos llegar a tener la base de datos más grande de la región y posiblemente del planeta.

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