Planificar un viaje tiene todo el aroma sabroso de eso que vamos a experimentar que nos enriquece desde los momentos previos: elegir con quien hacerlo, qué llevar en la valija, que accesorios, que cuadernos, que prendas, que calzado. Leer, investigar e indagar un poco más sobre ese destino que nos convoca y tratar de dejar, como Handsell y Gretel, migas de interés por esa ruta nueva para explorar. Es abrir un portal para resonar con esa versión nuestra que vamos a encontrar en ese viaje.
A veces, los viajes son tan similares a esto de pensarnos a nosotras mismas el año que viene, la etapa que viene, en la relación o trabajo que estamos empezando. Y a veces, emprendemos viajes que son distintos a como los planeamos. Simplemente las cosas no salen como planificamos. Creo que la mayor parte de las veces las cosas son distintas a como las planeamos o como creemos que tenemos pensado. Como cuando a veces ponemos agua sobre el papel, y sabemos que nuestro pincel acuarelado va a dejar formas, pero no conocemos de antemano cuáles van a ser y cómo es que vamos a resonar con ellas…ni qué van a provocarnos.Y eso es uno de los tesoros más valiosos a la hora de tener el coraje de abrir el portal de viajar.
Hay caminos y formas de caminar. Podemos caminar armando una mochila con lo indispensable. O con una que tenga cubierto todos los climas y escenarios. La mochila que elijamos para nosotras va a ser clave a nuestra hora de andar. De disfrutar. Y hay algo en el camino y es que muchas veces, en nuestros años, de la nada y sin previo aviso, entre el horizonte y nosotras aparece una montaña: un duelo.
El duelo de alguien que queremos, el duelo de una etapa, el duelo de un proyecto, el duelo de un proceso íntimo y personal. Y esos, son de los incontrolables que no podemos manejar.
Siempre dije que transitar un duelo es como subir una montaña. Pero nunca había subido ( físicamente) una. Hace apenas unos días viví mi primera experiencia de trekking y quiero ser totalmente honesta con vos: me enamoré. Me enamoré de ese diálogo entre mi cuerpo y todos mis procesos personales. El encuentro entre mis latidos, el aire entrando en mi cuerpo y de todos los aprendizajes que iba absorbiendo a cada paso.
Me encantaría compartirte algunos, porque sin duda, estoy segura que son aplicables a todos los procesos internos que vivimos cada año y que a veces es tan necesario regalarnos un momento para poder apreciarlos e integrarlos.
1. Cada paso cuenta. No corras. No te apures. Respetá tu ritmo.
2. Si necesitas dar un paso hacia atrás, hacelo. Caminá segura.
3. Los bastones pueden parecer inútiles: pero te aseguro que son un apoyo clave.
4. En el recorrido, te vas a encontrar con las flores más bellas y simples.
5. El viento a veces ruge. Viene a llevarse todos los miedos que te desafían. Sólo tu paso firme es la certeza.
6. Cree en tus compañeros de viaje. Dejate guiar y sostener.Son la parte más hermosa de disfrutar del camino.
7. Respirá consciente. Sentí el aire. Sentí tus latidos.
8. A veces el agua parece que desaparece. No te confundas. Lo que no se ve no siempre desaparece.
9. El camino siempre es como vos lo elijas.
10. El frío incomoda. Quedarte quieta solo lo acrecienta.
11. Siempre en el camino hay alguien que está dispuesto a caminar a tu lado.
12. Celebrá tu logro.Cuando bajes de esa cima, tomate un momento de mirar hacia atrás y ver hasta dónde fuiste capaz de llegar.
13. Cuando bajes de esa cima, esa cima ya queda en vos.
¿Cuántas montañas subiste este año? ¿Quienes te acompañaron en tu paso? ¿Te permitiste ir a tu ritmo? ¿Qué nueva perspectiva ya te dio al paisaje al que llegaste? No importa si aún no llegaste a la cima. A dónde estás, ¿qué podes ver con claridad que antes no veías? Te invito a que te regales un rato para vos. Que agarres un cuaderno, bajes a papel estas preguntas y todas las que puedas recolectar en estos caminos inesperados que se presentan en el paisaje de los calendarios. Que prendas una velita, podes acompañarlo con música suave, ¿ y por qué no? cerrar este espacio para honrar tu caminar presente y consciente con una linda ilustración. Me va a encantar verlas. Sin dudas el camino compartido, se siente más liviano. Siempre somos las que elegimos qué llevar en nuestras mochilas y cómo andar en marcha. Date todo el tiempo que puedas para mirar con amor y agradecimiento el contorno de tu camino.
Sobre Caro Muñoz Agopian
Es terapeuta holística especializada en acompañar procesos de autoconocimiento, crecimiento personal, duelos y crianza positiva. Para conocer más sobre ella:
Podcast: Un tiempo conmigo